Arreglar una puerta estropeada

Con el paso del tiempo las puertas suelen sufrir algunos problemas, siendo uno de los más habituales, descolgarse por su propio peso. Si quieres aprender cómo solucionar este problema tú mismo y ahorrarte algo de dinero, vamos a darte algunos trucos para que no tengas que llamar a un profesional.

Lo que hay que hacer primeramente para averiguar por dónde está rozando la puerta, es marcar con tiza el marco de la misma. Después se cierra unas cuantas veces y donde se vea que no queda rastro de la tiza, es por donde hay que arreglar la puerta. Cuando se haya detectado el lugar, lo que hay que hacer es cepillar esa zona con un cepillo de carpintero o con una lijadora, incluso con una lija normal, pero tendrás que tener más paciencia. Lo más sencillo es desmontar la puerta y colocarla en una mesa para poder moverla cada vez que lo necesites y no forzar la postura. Cómo ves no es nada complicado, solo hay que encontrar el origen del problema y echar mano de la caja de herramientas para arreglar este problema.

Otra avería que las puertas suelen sufrir es el de las manillas, y en este caso también puedes arreglarla tú mismo. Lo primero que hay que hacer es sacar unas astillas pequeñas de un trozo de pino con la ayuda de una maza. Después se coloca en la zona de la puerta que hay que reparar, cinta adhesiva para no estropearla y se marcarán con un punzón los agujeros en los que va a ir la manilla. Después se introducen en ellos las astillas y se retiran los restos de adhesivo. Cuando estén bien pegadas las astillas se corta la parte que sobresale y se dejan al ras de la puerta. Después solo hay que colocar la manilla y fijarla con un tirafondos. De esta manera ya podrás empezar a usar la manilla sin temor de quedarte con ella en la mano. Cómo ves tan solo necesitas un poco de buena mano y algo de paciencia para poder solucionar tú mismo este tipo de problemas con las puertas.